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No hay nada como la familia. Se espera que las personas con las que estamos conectadas por sangre o por matrimonio sean nuestros aliados más cercanos, nuestras mejores fuentes de amor y apoyo. Sin embargo, con mucha frecuencia nuestras interacciones con la familia están llenas de malentendidos, resentimiento, discusiones y molestias. Aquellos a los que deberíamos conocer y los que nos deberían conocer mejor terminan sintiéndose como adversarios o extraños.
La familia es el lugar donde nuestros primeros y más fuertes recuerdos emocionales se crean y es en donde siguen surgiendo. Y es por eso que la inteligencia emocional (IE) tiene éxito en donde otros esfuerzos para lograr la armonía familiar fallan. La conciencia activa y la empatía —la capacidad de ser consciente, aceptar y adaptarnos de forma permanente a nosotros mismos y a otros— nos dice cómo responder a las necesidades de otros.
Busque en usted mismo primero. La familia es un sistema formado por individuos interdependientes, pero eso no significa que puede culpar a su familia de origen por la manera en que es actualmente, como tampoco puede hacer responsable a su pareja e hijos por su felicidad personal. Su mejor esperanza para arreglar cualquier problema familiar es atender su propia salud emocional. Cuando actúa bajo la creencia de que tiene el derecho y la obligación de reafirmar sus propias necesidades emocionales, su familia notará que su independencia emocional le beneficia no solo a usted, sino a toda la familia, y es posible que sigan su ejemplo pronto.
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